"Y una mañanita fría de invierno, Ana María murió, se murió de amor...""Padre, mi deseo es morir como penitente por amor a Cristo Jesús
Fueron éstas, parece ser, las últimas palabras que pronunció la Madre Janer antes de su muerte y su fuerte deseo. En ellas expresaba su deseo final de parecerse un poco más a Jesucristo al que con su caridad y abnegación había saciado, vestido y consolado durante toda us vida en la persona de lso probres y afligidos. La petición se la hizo al capellán de la casa de Talarn, mosén Francisco Roca Llinás, que se apresuró a comunicaárselo a la Madre Montserrat Massanés. La superiora general accedió a dicha demanda y de madrugada entraron en la celda el capellán y las hermanas veladoras, replegaron la cama y despejaron la habitación de todo objeto, quedando sólo la Madre Janer "muriendo como pecadora en estrecho colchón sobre el frío pavimento siendo así que toda su vida fue un portento de caridad y admirable esposa de Jesús crucificado".Así recoge este episodio final de la vida de la Madre su primera biógrafa, que fue testimonio de lo ocurrido. La Madre Oriol Isern era una de esas veladoras que acompañaron a la "anciana Madre" en su tránsito a la casa del Padre con sus plegarias y su cercanía filial, pero ese acompañamiento fue recíproco puesto que quedándose un momento a solas con la enferma, sabiendo la Madre Janer que hacía pocos días que esa hermana había perdido a su Madre le cogió la mano y por tres veces exclamó en su lengua materna: "Fill meu". Después, la voz de la Madre Janer ya no se oyó más.
A petición de alguna religiosa, la Madre Massanés dispuso que todo el personal de la casa pasara por delante de la Madre Janer "a fin de que guardase memoria de aquella muerte tan edificante". Las hermanas entraban en la celda, contemplaban a la moribunda y desde su habitación se dirigían al coro para el rezo del vía crucis...























